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HISTORIA PERSONAL anorexia

¿Qué estás haciendo? ¿Para qué te miras? Ya sabes que eres horrible. Ya conoces esos muslos, ese pelo estropajoso, esa piel seca y blanca… Y qué decir de tus ojeras, da miedo verlas… Y ese ruido, siempre el mismo, ¡cállate! Deja de pedirme comida, ¡No te la daré! Podemos sobrevivir con lo que tenemos.¡No pidas más! Estamos cerca de los 35 kgs.

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No soporto más esto, la gente me odia, no me entienden, ni siquiera pueden ver lo que yo veo… me mienten, tratan de engañarme… pero yo sé que no es cierto, seguiré con esto hasta el final.. 

No soporto este cuerpo, ni siquiera soporto este mundo. Sólo quiero llorar y estar sola; dejadme en paz, iros. No, no os vayáis, me siento sola. Abrazadme. Dejadme llorar.  ¿Qué me está pasando? No entiendo nada.

  Siento de nuevo esa presión, ese peso en mi pecho, no me deja respirar, estoy cansada, pero puedo con ello, ¡Sé que lo conseguiré! Pero me es más difícil cada día avanzar. Venga, un poco más, un esfuerzo más. Podemos llegar a los 35…

¿Qué pinto yo aquí? ¿Cuál es mi destino? Me gustaría tanto desaparecer… “ invisible to you…” voy a ello… cierro la puerta, pongo el cierre… qué frío está, casi tanto como mis manos. ¡Ay! ¡Mis pies! Este suelo gélido, esto sí que está helado… veamos. Un pie… ¡aaaaahh!  Mira el humillo que sale…Calor, qué sensación, calor, mi cuerpo sube la temperatura, al menos una vez al día. Un pie, otro, me tumbo… uummm, mi tripa, calor….y ahora, un poquito más, me encanta sentir esto, mi pelo… se hunde entre estas aguas, algo de calma, me reconforta…  “ things so complicated….”

Vaya día, de nuevo las mismas asignaturas, el mismo discurso, la misma monotonía… Si al menos pudiera ser como Ana, ella siempre consigue lo que quiere… todo el mundo le admira, y no me extraña, ella es inteligente, es guapa, es delgada, en fin, es perfecta. 

Ummm, un poquito más aquí dentro…antes de salir… Calor… 

¡No, tú no! ¿Qué haces ahora aqui? ahí vuelve… ¡vete! No quiero sentirte aquí, déjame este ratito. ¿Por qué vuelves cada día? Habíamos pactado que solo vendrías por las mañanas. Déjame respirar por favor, me dueles, me ahogas, déjame un ratito… un momento de paz.

Aquella ansiedad agotadora…

Salgamos; uy, ¿qué me pasa? ¿Por qué me da vueltas todo? Me mareo… Tengo que mantenerme en pie, que no me vean así…

-“ Estás bien ahí dentro? Por qué te has cerrado?”

Por qué no me dejarán tranquila de verdad!

  • ¿Estás bien? No has respondido
  • “ Síiiiii, todo bien…” qué pesada… ¡Dejadme ya en paz!

A ver, ponte de lado.¡ Madre mía! Esas caderas, ¿no te da vergüenza? ¿Cómo puedes ponerte esos pantalones tan ajustados? Todo el mundo verá tu celulitis, ¿cómo has podido ir así? Mañana estos no, los vaqueros grises, esos que son más  anchitos, así disimularemos un poco más. ¿Y qué hay de esta tripa? ¿Qué es ese michelín que asoma por ahí? Sabes que puede convertirse en algo mucho más grave, ¿verdad? “ Sí…” ¡Hoy cincuenta abdominales más! Y no hay negociación… “ lo haré…me lo merezco…”

Mi pelo…se cae, hoy más que ayer, aún otra bola… recógelo bien antes de que lo vean. Sabes lo que sucederá si no… lo sé… 

Secador… otro buen momento de calor…. ¡Qué agradable es sentirlo! Pijama, camiseta, sudadera…. Y a salir al mundo real…¡puag! ¿Estás preparada?

“ Vamos a cenar”

“No tengo hambre…”

“ Tienes que comer, ya sabes que no hay negociación con esto… qué te apetece?”

“ Nada, ya te he dicho que no tengo hambre”

“ Venga anda, ve a sentarte que te estamos esperando.”

Otra vez… no quiero comer, ¿acaso no me han oido? ¿No me han entendido? Otra vez el mismo discurso. No quiero que me griten… Lo que daría por volver a entrar al baño… quiero irme, escapar… ¡Y tú deja de pedir! Ya te he dicho que por hoy tuvimos suficiente, apenas hemos hecho deporte. Después contaré las calorías, pero sé que nos hemos pasado, ¿no querrás volver a provocarte ….? 

“ Venga hija, come un poco más, que no has comido nada”

“ tengo suficiente, ¿por favor puedo irme?”

“No, venga cariño, un poco más, deja de revolver en el plato y come una cucharada más…”

“Quiero irme a la habitación por favor, ya he terminado”

“Otra vez igual, de verdad, que más te da un poco más, mira como estás. Mañana hablaré seriamente con la psicóloga, no podemos seguir así…vas a acabar en el hospital”

“ No te contará nada, ella no puede hablar….”

Lo sabía, siempre lo mismo, ¿es que no lo entenderán? ¿Es que no me quieren? No quiero verlos así, parece que están preocupados, ¿pero por qué? ¿Por qué no se alegran? No me gusta verlos sufrir…me siento culpable… 

me voy a la habitación… este pasillo frío…con lo bien que estaba en el salón, tan calentito con la chimenea…

¡Al fin! Al fin tranquila. Oscuridad, calma, y estas sábanas de franela. ¡Mis pies! Se me olvidaron los calcetines! Bip Bip bip! ¿Quién me escribe ahora? ¡Ay es Juan! ¿Pero qué verá en mí? De veras que no lo entiendo. Me da mucho miedo… ¿Qué querrá de mi? ¿Querrá reirse? No entiendo cómo puede ni siquiera escribirme… pero es tan majo…. En fin, mañana veremos, además hemos quedado para ir a dar una vuelta este fin de semana, ¿se acercará a mi?

2 a.m. Pffff, ¿de qué lado debo ponerme? Ya no sé que más hacer… estudios, kilos, padres, culpa, miedo, estudios, kilos, padres, culpa, miedo, mi tripa… ¿mi tripa? 

-No te daré más, no lo intentes… 

-Entonces no dormirás…¡necesito comer! 

-¡No!, no trates de engañarme tú también, tenemos que ser fuertes… estamos juntas en esto.

3 a.m… “Por favor…mañana tenemos examen!” “ y lo haremos, tranquila, lo haremos bien…”

Este fue mi diálogo durante unos cuantos años, como podéis ver, el amor, la confianza, y la compasión apenas existían en mi vida. Conviví con un gran enemigo que rara vez me daba tregua, su única obsesión estaba en una balanza, y el buen o mal humor, siempre dependían de las cifras, mi autoestima, mi amor propio, pesados en unos cuantos kilogramos. Ello inversamente  relacionado. A más kilos, menos autoestima, y al contrario, a menos kilos, más autoestima…

Una autoestima falsa, porque basaba mi valía, mi amor propio en calorías, kilogramos y en ocasiones, hasta en gramos… Un auténtica locura… La mente humana, peligrosa herramienta si no sabemos utilizarla.

¿El amor? No existía, creo que ni siquiera conocía el valor de esta palabra. Y sí, son sólo cinco letras, pero a las cuales no daba cabida en mi mente, y mucho menos en mi cuerpo. ¿Cómo podía aceptar algo que llenaría espacio en mi? ¿Dónde? ¿En las caderas? ¡Puag! ¿En el vientre? ¡Ni hablar! ¿En mis gordos brazos? ¡Ni de broma! Esperaba perder unos kilos más en el delirio de que así podría alojarlo.

Y así pasaron años, años muy duros tanto para mi como para todo mi alrededor. Pero sobre todo para mi familia, la cual luchaba cada día por verme un poco mejor, por hacerme comprender que vivía en una especie de película de terror. Días de tristeza, de culpa, de miedo. Días enteros llorando y preguntándome lo que hacía en este mundo. ¿Por qué me habían castigado con un cuerpo horrible y un entorno que no me entendía?

Hasta que un día no pude más…

  • “Mamá?
  • “ Sí hija dime, estás bien?”
  • Lloros…
  • “No mamá, no puedo más, necesito que me ayudes”

Y en ese momento, comenzó el principio del fin. El fin de mi tortura, y el principio de mi vida. 

Fueron meses muy duros en los que aún ella, “Ana” como así se suele llamar en este “gremio”, salía a mi búsqueda. Momento en  los que me bombardeaba con miedos, afirmaciones lapidarias, culpas. Me asustaba con posibles peligros. ¿ Y si engordaba, y engordaba sin control? ¿Y si me convertía en aquello que siempre había temido?

Pero entonces sacaba mi armadura, mi gran espada. Porque sí, aunque por aquel entonces pequeñita, (y aún lo sigo siendo en talla, jeje)ya era guerrera. Tenía la esencia dentro, y tenía muchas ganas de combatir en esta guerra, en la que posiblemente saldría dañada, pero no yo, si no esa parte de mi que debía desaparecer.

 Sabía que tenía un objetivo, ser feliz, amarme de veras, vivir la vida como parecía ser la vivían los demás, y así iba ser. Porque sí, si había tenido el coraje de enfrentarme a una báscula, ahora sería capaz de enfrentarme a mis látigos, mis miedos, y sin la menor duda, ¡VENCERLOS! 

Después de varias sesiones con algunos psicólogos y mi terapeuta personal, ( la cual estuvo incondicionalmente en todo momento y me ayudó a forjar nuevos patrones ,sustituyendo los caducos) conseguí poco a poco abrirme a un mundo que me resultaba muy extraño.

Podía mirarme al espejo, incluso sonreír. Mi tez había cambiado, mi pelo se mantenía en su sitio, mis dos compañeros de la mañana y la noche que me impedían tanto respirar como dormir, habían desaparecido. Ni siquiera me reconocía, comía, ¡incluso podía salir a la calle sin miedo! Ahora ya no me molestaba tanto que me mirasen, que me juzgasen, me daba igual…

Pero hubo un día… un día que los miedos volvieron a atacarme muy fuerte, y es que me estaba enfrentando a la prueba de fuego… tiendas… tallas…ropa… la prueba inequívoca del cambio…

-“Pruébate este pantalón, seguro que te irá bien…”

– “ Sí, la verdad es que me encanta, veamos”

¿Pero qué pasa? Tira un poco más, tiene que entrar, es tu talla. ¿Cómo que no sube? ¿Qué está pasando? ¡No puede ser! ¿Tanto he engordado? No puede ser, tiene que entrar… lo intentaré de nuevo… ¡Dios mío! ¡No! ¡No sube! Angustia, ansiedad, histeria, miedo, llorar…¡Quiero irme! ¡No quiero estar aquí, es horrible!

  • “Mamá vámonos!”
  • “ ¿Qué pasa hija?”
  • “¡No me valen! ¿Entiendes? ¡Es mi talla y no me valen! ¡He engordado muchísimo! Me quiero ir por favor, ¡vámonos! Sácame de aquí.”
  • “ Pero hija es normal, lo anormal era tu talla anterior, ahora estás bien, no pasa nada, estás muy bien”.

¿Normal? ¡Lo que estoy es gorda! ¡Quiero morir! ¡Que horror! ¿Qué voy a hacer ahora? Por favor vámonos, sácame de aquí mamá. Quiero ir a mi habitación, quiero encerrarme, quiero estar sola.

Llorar, llorar, llorar… y así unas cuantas horas. 

“ ¿Qué te pasa?”

“¿Que qué me pasa? ¿Acaso no lo ves? ¡He engordado!”

“ Sí, y ¿cuál es el problema?”

“ Que estoy gorda, que soy asquerosa, que nadie va a quererme, ¡no quiero ni mirarme!”

“ Eso no es cierto, no estás gorda, has engordado, lo cual es diferente, pero también eres más feliz, tu pelo ya no se cae, el frío va desapareciendo y tus amigos ansiedad e insomnio ya se han ido, ¿acaso no es un buen progreso?”

Visto así…. Tienes razón, pero, y ¿si sigo engordando?

“¿ Y si sigues siendo feliz? ¿Por qué no lo planteas así?”

“ Tienes razón, me ha costado mucho superar esto, ahora más que nunca tengo que ser fuerte y seguir con esta guerra, pero dime, ¿quién eres tú? Nunca te había oído por aquí.”

“ Soy tu voz, aquella que acallaste hace años”.

Gracias a la guerrera y su gran Tizona, todas estas dudas y miedos fueron puestas poco a poco en su sitio, es decir, en la basura de los “ eliminables”. Eso ya no iba conmigo, y a pesar de esta gran prueba, seguí con mi objetivo, SER FELIZ Y AMARME.

Uno de los momentos que recuerdo con más cariño en esta superación, fueron “ Las primeras navidades en las que sonreí”, que casi suena a película de Hollywood. Y es que llevaba tanto tiempo sin reirme, que tras el gracioso chiste de uno de mis tíos: “ abuela abuela, me pica el c…, arrasca arrasca, con disimulo” (sé que suena burdo y absurdo y probablemente lo es, y lo fue en su momento) provocó en mi y en el resto de mi familia un gran estallido, una carcajada. Fue la prueba irrefutable de que algo había cambiado: había sonreído, no, es más, me había reído. Con esa apertura, había abierto a su vez las puertas de mi alma, las puertas de mi corazón para recibir todo lo que la vida me tenía preparado…

“ Aunque todo se vea oscuro ahora, recuerda que las semillas solo florecen en la más profunda oscuridad” Tania Ortega

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